El territorio agrícola en la conformación urbana de Tacuba, a finales del siglo XIX

Gilberto Villaverde Villaverde on febrero 12, 2019

La antigua municipalidad de Tacuba, siempre ha representado para la Ciudad de México, un referente histórico y la transformación de su territorio agrícola y la influencia que tuvieron las  delimitaciones de las haciendas que la conformaban, son clave para comprender la composición de la traza urbana actual de la zona poniente; es por eso que la presente investigación busca ahondar más en el estudio de la evolución urbana de esta zona de la ciudad.

Durante el siglo XIX, “las haciendas San Antonio Legaria, Clavería, La Ascensión de Cristo Nuestro Señor, San Juan de Dios de los Morales, así como el rancho de Anzures, la huerta de los Once Mil Árboles y la Tlaxpana, formaron parte de la vasta jurisdicción de Tacuba”[1]; en conjunto, todas estas tierras cuentan con una gran riqueza histórica, y establecieron un paisaje agrícola en los alrededores de la antigua Ciudad de México.

Como es sabido, Tacuba o Tlacopan (“lugar de jarillas o situado en las jarillas”[2]) tuvo su origen en la época prehispánica, y fue uno de los lugares más cercanos a la ciudad con más importancia, ya que contaba con “terrenos fértiles para la agricultura, sitios idóneos para el reposo y recogimiento, cualidades aprovechadas por franciscanos, dominicos y carmelitas en su llegada al Nuevo Mundo. Fueron estas órdenes las responsables de evangelizar a los nativos de la zona, quienes al paso de los años fueron perdiendo territorio frente a los españoles peninsulares y criollos que establecieron aquí sus ranchos y casas de campo.”[3]

Con base en lo anterior y de acuerdo algunas descripciones es notorio que la vocación del suelo de la parte poniente de la Ciudad de México fue agrícola y se desconoce un plano que delimite todas las haciendas del siglo XIX con precisión, debido a que estás constantemente cambiaron su delimitación por diversas razones de compra, venta, robo, donación y contexto político y bélico, por tanto, en muchas ocasiones esto impidió llevar un registro preciso; a causa de ello la construcción del plano de las haciendas de la municipalidad de Tacuba (ver imagen 1), se realizó con información de distintos levantamientos topográficos y descripciones encontradas, en su mayoría, en el libro “Tacuba y sus alrededores, siglos XVI al XIX”, de María del Carmen Reyna.

Sin lugar a duda, este pequeño antecedente histórico nos da un acercamiento de la importancia de la zona, la cual siempre generó un contraste entre un paisaje agrícola y un naciente paisaje urbano a finales del siglo XIX y principios del XX.

 

Imagen 1. Sección de plano de la Ciudad de México, donde se delimita la antigua municipalidad de Tacuba y sus haciendas. Plano tomado de la Planoteca, AHDF. Plano topográfico del Distrito Federal. Levantando en 1857 por la comisión del Valle de la Ciudad de México y zona conurbada. Proyecto de Luis S. Campa. Editado por: Gilberto Villaverde Rodríguez.

 

La conformación urbana de Tacuba

Para comenzar a hablar de la conformación urbana de esta zona es importante señalar que la Calzada México Tacuba, antes camino de Tlacopan, era el que unía a la ciudad lacustre con tierra firme hacia el poniente, emplazándose alrededor de él algunos pueblos que lograron conservarse a pesar del robo y reparto de tierras ejecutado por los hacendados de la zona. Dejando en claro que, la calzada es un concepto que dio origen a la traza y bajo cualquier condición siempre se respetó como cicatriz o un eje urbano en el territorio.

Un aspecto más a considerar en la conversión de esta municipalidad son los cuerpos de agua, que también forman parte del gran paisaje histórico, y que jugaron un papel en la delimitación del territorio o de las mismas haciendas, volviéndolos elementos de jerarquía y más que un simple recurso de explotación. En Tacuba existieron diversos (ver imagen 2), dentro de los que destacan el río San Joaquín, el de los Morales y el Consulado, también existió uno más al norte, el río San Francisco que contaba con una pequeña extensión en esta municipalidad, pero el resto y mayoría de él fluía en la municipalidad de Azcapotzalco.

 

Imagen 2. Sección de plano de la Ciudad de México, donde se delimita la antigua municipalidad de Tacuba. Plano tomado de la Planoteca, AHDF. Plano topográfico del Distrito Federal. Levantado en 1857 por la comisión del Valle de la Ciudad de México y zona conurbada. Proyecto de Luis S. Campa. Editado por: Gilberto Villaverde Rodríguez.

 

El paisaje agrícola y hacendario de la actual zona poniente de la ciudad comenzó su transformación a partir de mediados del siglo XIX, con el Potrero de Verónica y la Horca (tierras pertenecientes a la actual alcaldía de Cuauhtémoc, pero casi colindantes a la municipalidad de Tacuba); cuando Francisco Somera tuvo la idea de “formar una colonia campestre para arquitectos y estudiantes de arquitectura de la Academia de San Carlos, quienes pensaba serían sus clientes potenciales, por lo que la denominó colonia de Los Arquitectos.”[4] Es así que gracias a sus buenas relaciones consiguió introducir agua potable y drenaje en sus propiedades, con esto demostró cómo podía comenzarse un negocio de la tierra que aparentemente ya no redituaba más ganancias.

Somera fue el personaje provocador que incitó el surgimiento de toda clase de sociedades y personajes, tanto extranjeros como nacionales, que se encargaron de explotar y arrancar el último beneficio económico de la tierra agrícola. Los hermanos Flores también jugaron un papel valioso, ya que ellos tuvieron distintas propiedades en el poniente y se les atribuye la creación de la primer colonia oficial a las afueras de la ciudad (Santa María la Ribera), siendo este proyecto un completo éxito que resultó del fraccionamiento de la tierra.

Fue a partir de estos sucesos que los propietarios de las haciendas comenzaron a prestar más atención a ese negocio, puesto que fraccionar era más rentable que mantener una hacienda, ya que había que estar produciendo constantemente algún cultivo, y para esto las condiciones de sus grandes extensiones de tierra tenían que ser óptimas, lo cual era difícil en ocasiones a causa del suministro de agua.

Una vez convencidos la mayoría de los propietarios de lo que conllevaba fraccionar, las haciendas de Tacuba comenzaron a desaparecer a partir de la creación de los proyectos para erigir colonias en su lugar. Se mencionó anteriormente que la transformación de la zona poniente comenzó a mitad del siglo XIX, por otra parte la de Tacuba puntualmente fue hasta 1894, con el proyecto para la colonia Santa Julia. Gráficamente dicha evolución urbana y transformación del territorio, se apreció cuando comenzó a aparecer el fraccionamiento de algunas zonas de esta municipalidad en los planos de levantamiento de la Ciudad de México. De 1886 a 1911 observamos el surgimiento de distintas colonias y como la tierra agrícola y sus dueños terminaron cediendo a la urbanización (Ver imagen 3). Desde luego, el cambio de escala de estos planos destaca aún más cómo esta región pasó de ser un punto a las afueras de la ciudad a convertirse en parte de la misma.

 

Imagen 3. Sección de planos oficiales y generales de la Ciudad de México de los años 1886, 1891, 1900 y 1911. Tomadas de la Planoteca del AHDF. Editado por: Gilberto Villaverde Rodríguez.
Imagen 4. Vista 3D de la antigua municipalidad de Tacuba en la traza urbana actual de la Ciudad de México. Mayo 2018. Tomada de Google Earth. Editado por: Gilberto Villaverde Rodríguez.

 

Imagen 5. Sección de plano de la Alcaldía de Miguel Hidalgo, delimitando cada uno de los perímetros de las antiguas haciendas que conformaban la municipalidad de Tacuba sobre la traza urbana actual. México, 2018. Realizado por Gilberto Villaverde Rodríguez.

 

Podemos señalar que el cambio de la ciudad en los últimos 200 años ha sido ocasionado por distintos momentos históricos, desde la conquista española y el reparto de las tierras para el cultivo en el siglo XVI, hasta el apoyo y difusión de la urbanización de la zona circundante a la antigua Ciudad de México en el siglo XIX; si bien, todos estos hechos han dejado huella en la morfología de la ciudad y con una sincera sensibilización para analizarla con detenimiento, puede abrir las puertas a una lectura urbano- arquitectónica que se interprete a través de la composición de la traza urbana.

Para resumir y concluir hay que mencionar que la situación territorial hacendaria que existió en la antigua municipalidad de Tacuba, fue partícipe directa en la conformación urbana de la misma, heredando a la composición de la traza actual la disposición territorial hacendaria y guardando en ella la riqueza histórica de todos los momentos que acontecieron en la evolución de la zona poniente de la ciudad. A partir de ello, se busca construir un documento que aporte un testimonio de la evolución del territorio de la zona poniente de la ciudad, de tal modo que facilite entender la composición de la traza y el crecimiento urbano, para contar con un referente histórico, social y cultural, con la intención de asimilar la transformación de elementos naturales, y conservar estos y los artificiales que fungieron como base para constituir la ciudad actual. Esto es una ponderación urbano-arquitectónica para plantear proyectos dónde el rescate de elementos naturales y artificiales que marcaron un antes y un después, se conserven como una memoria histórica y se integren en la dinámica actual de la ciudad, con el propósito de incentivar la coexistencia entre pasado y presente.

 

 

Fuentes bibliográficas:

[1] María del Carmen Reyna. Tacuba y sus alrededores, si- glos XVI al XIX. México: Serie Historia, INAH, 1995, p. 9.

[2] Artemio de Valle Arizpe, Obras completas, México: Libreros Mexicanos Unidos, tomo II, 1960, pp. 910-911.

[3] Oscar Molina Palestina. Breve Historia y Relación del Patrimonio Tangible de la Delegación Miguel Hidalgo. México: Delegación Miguel Hidalgo, Dirección Ejecutiva de Cultura, 2011, p. 5.

[4] Jorge H. Jiménez Muñoz. La traza del poder: historia de la política y los negocios urbanos en el Distrito Federal : de sus orígenes a la desaparición del Ayuntamiento (1824-1928). México: Gobierno del Distrito Federal: UACM, 2012, p. 24.

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